Habíamos expuesto que uno de los objetivos de la Gran Asociación Civil era y es eliminar el desempleo, crear
recursos para todos y como objetivo final crear un poder económico como el
de los poderes económicos tradicionales.
Para alcanzar este objetivo tenemos que combatir unos de los grandes males de la sociedad: el desempleo. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Esta frase la
expresó amargamente Napoleón cuando estuvo prisionero y confinado en la Isla de
Santa Helena y comprendió lo que había perdido, sólo cunado lo perdemos valoramos lo que tuvimos.
Este mismo principio lo podemos aplicar al trabajo. No
sabemos el efecto equilibrador en lo económico y psicológico que tiene el
trabajo hasta que lo perdemos. Entonces es cuando, como Napoleón, valoramos lo
que hemos perdido y vemos los efectos desastrosos tanto en lo económico
como en el psicológico.
Sin embargo, los efectos más negativos son la sensación de
inutilidad que se apodera de la persona en esa situación y la imposibilidad de
hacer frente a las obligaciones particulares y familiares. Estos son los
efectos más destructivos porque atacan al concepto de sí mismo y esto es clave
a la hora de enfrentarse a la situación.
Es sabido la defensa numantina que realiza el yo para
defenderse de los ataques externos que puedan destruirle. Para ello recurre a
una batería de mecanismos de defensa que tienen la finalidad de protegerse y los emplea uno tras otro para impedir que afecten a los cimientos del yo, de la personalidad.
Por este motivo, el trabajo no solo es fuente del
mantenimiento de las personas y de las familias, sino que puede evitar serias
perturbaciones psicológicas que pueden traer consecuencias muy negativas.
Por todos estos motivos, los impulsos y esfuerzos por parte
de todos para combatir el paro deben ser reconocidos como muy valiosos para
eliminar uno de los problemas que antiguamente llamaban los grandes males de la
sociedad: a) la pobreza b) La enfermedad c) la esclavitud d) el desempleo e)
falta de oportunidades educacionales.
La lucha para resolver estos problemas comienza desde la
misma ilustración, pero es en la segunda mitad del siglo XIX cuando comienza a
tratarse el tema como la cuestión social, el movimiento obrero y los gobiernos
comienzan a adaptar la legislación a estos temas.
Al comenzar el siglo XXI, ¡sorpresa! volvemos a tratar estos
temas, no igual, pero casi con la misma urgencia como “consecuencia de un
mercado libre no es definitivamente el mejor mercado para una democracia, un
mercado sin regulaciones no garantiza ni justicia, ni prosperidad” (Waligorsky)
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